Al llegar a la habitación lo primero que hice fue coger el
diario y comencé a escribir.
Querido diario:
Hoy, en el
hospital Good Samaritan he conocido ha un chico, ¡A UN CHICO!, ¿te lo puedes
creer? Es difícil creerlo porque tú sabes amigo mío que desde hace tres años
dejé de tener relación con el mundo exterior. No se si volveré a verle, pero no
importa, la mañana que me ha ofrecido se lo agradeceré eternamente. Los
sentimientos que me ha abierto ese chico son difíciles de explicar y de
comprender, quizás me esté sucediendo esto porque no recordaba qué se sentía
cuando compartías cosas con un joven de mi edad. Bueno, ya te seguiré contando. 5.2.2006
Cerré el diario y me acosté. Esa noche me sentía algo más
contenta por primera vez en tres años.
A la mañana siguiente, no pude atender a las clases particulares (pagadas
por la Seguridad Social). A lo largo del día la cosa no cambió, aunque estaba
encerrada en un hospital con goteros, mi mente todavía no se había marchado de
aquella sala de espera junto a Jason. Transcurrieron varias semanas y, por fin,
conseguí concentrarme en mi corta existencia.
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