viernes, 10 de febrero de 2012

Dios


Me hallaba  en una especie de laberinto muy luminoso, escuchaba lloros, imploros que pedían que no empeorara, pude apreciar los lloros de Jason suplicando que regresara, que fuera fuerte, suplicaba por que fuera fuerte y no me rindiera. Él me decía que me necesitaba.
Seguí a la luz intentando encontrarlo. A mí alrededor veía imágenes de mi vida pasada, me encontraba muy desconcertada.
Una sombra se me acercó y me explicó que estaba entre la vida y la muerte. Mi mente se hallaba en coma desde hace un par de semanas. — ¿Quién eres?— le pregunté a la sombra. Él me contestó— no lo sé. Para algunos soy la fe que les ayudará a enfrentarse a la muerte, para otros no existo. Otros opinan que creé la vida. Suelen llamarme Dios—. Me quedé atónita, sentí una enorme curiosidad sobre algunos aspectos de carácter religioso— ¿puedo hacerte una pregunta?— él me miró con recelo, algo que realmente me sorprendió. Siempre había tenido la imagen de un ser que confiaba siempre en el prójimo, estaba claro que me equivocaba.
— ¿Cuál?—preguntó, ahora me miraba con curiosidad esperando a que la formulara.
— ¿Existe el cielo?, ¿qué hay después de la muerte?— se rió con ganas y creo que a mi costa. Cuando se serenó me contestó— esa no era una pregunta, si no dos. No puedo responderte, eso es algo que debes averiguar por ti misma, pero hoy no. Aún tienes toda una vida por delante—.
Me mostró la imagen de lo que estaba sucediendo en mi realidad. Jason estaba pegado a mí. Acariciaba mi mando izquierda mientras sollozaba, suplicaba a Dios que no me llevara con él todavía porque me necesitaba a su lado para poder ser feliz. No me quería, me amaba. Dios, mientras observaba a mi lado la escena, me dijo— Os necesitáis el uno al otro, Aura. Me ha encantado charlar contigo. Adiós Aura, cuídate pequeña—.
                                                      
Al despertar miré aturdida a mi alrededor. “Jo”  pensé, me encontraba de nuevo en un hospital.
—Aura, Aura—escuché decir a Jason, tenía el rostro demacrado. Estaba claro que había pasado dos semanas horribles. —Aura—volvió a llamarme. Acarició mi rostro con ambas manos, después apoyó su mejilla en mi pecho y lloró en parte por el susto y en parte por el alivio. Se inclinó para darme un beso en la frente, sin despegar los labios de mi frente pregunto— ¿estás bien?— Asentí, aún algo grogui. Él exclamó aliviado — ¡Dios mío, gracias por escuchar mis plegarias!, ¡gracias Dios!— rompió a llorar de nuevo.
— ¿Por qué lloras?— le pregunté con voz pastosa—  ¿He hecho algo mal?—
— no, preciosa, he sido yo quien a metido la pata, la he metido hasta el fondo—. Recordé de sopetón los últimos sucesos antes de entrar en coma. Él iba a romper conmigo. Me sentí tan hundida que por un momento deseé acabar con todo, me rendí. Por mi culpa él había pasado por dos semanas infernales, y por tanto era yo la que se tenía que disculpar. — Jason, lo siento, perdó…—
—Ni se te ocurra terminar la frase. Tú no eres la que debe disculparse, sino yo. Siento no haberte creído. Cuando me di cuenta de lo que Jane estaba intentando hacer… Le dejé muy claro que no quería tratar más con ella. Le pedí que, si aún le importaba se alejara de nosotros para siempre. Por un momento pensé que te había perdido para siempre. Nunca en mi vida he pasado tanto miedo, yo…— Ahora fui yo quien lo interrumpió. — No tienes por que disculparte. Ambos nos hemos equivocado, olvidemos lo que ha ocurrido. Nunca te dejaré, no pienso dejar que me gane el cáncer—.
— Y yo estaré a tu lado para apoyarte, siempre— y me besó.

Pasé casi un año de rehabilitación, pero con ayuda de Jason se me pasaron volando. Seguía viendo a mis amigos. Mi hermana y mis primas me visitaban cuando podían. No estaba sola en absoluto.

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