__ Por cierto, ¿tú no deberías estar acostada en la cama?__me
preguntó preocupado.
Suspiré, ya me habría gustado hacer el vago en la cama, pero
mañana tenía que entregar mis deberes de matemáticas, así que le dije__ por
desgracia he de acabar mis deberes de cálculo__los señalé con la mirada,
entonces Jason se remango y dijo__ pues pongámonos manos a la obra__intenté
comprender aquellas palabras pero no las encontraba sentido ¿para qué iba a
malgastar su tiempo teniendo una maravillosa tarde por delante?
__ ¿Qué quieres decir con que “vamos”?__le pregunté marcando
las comillas con los dedos. Él pareció quedarse perplejo cuando le hice aquella
pregunta.
___Pues, a que cuanto antes acabemos con los deberes más
tiempo tendremos para hablar.
Y así pasmos la tarde: haciendo cálculo, charlado, bromeando
y riéndonos los dos juntos. A partir de aquel momento Jason dedicó todas sus
tardes libres ha pasarlas haciéndome compañía. Cada día que pasaba me sentía
con más fuerzas para luchar, para ponerme bien.
Una tarde Jason me sorprendió con una sorpresa, me trajo un
regalo, era un libro.
__ La librera me lo aconsejó, dice que está siendo un éxito y
que la gente habla muy bien de él. Espero que te guste__le miré conteniendo las
lágrimas de la emoción, Jason continuó comentando el libro, lo único que
escuché antes de desconectar de lo que me estaba hablando fue que habían hecho
una película. Acaricié con ternura la portada del libro, Crepúsculo, así se llamaba él libro. Le di las gracias a
Jason. Cuando él se marchó a su casa comencé el libro y quedé hechizada en el
mundo de Stefenie Meyer.
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