miércoles, 29 de febrero de 2012

Escapar del Purgatorio




Una furia se estaba apoderando de mí. Tenía que salir de ese lugar, esta vez me iría de verdad. Cogí mi chaqueta y preparé mis cosas. En el salón de la primera casa se encontraba toda mi familia disfrutando de la televisión. Eran las 22:00, sin mirar atrás y sin dejar ninguna nota salí con mi equipaje al corredor del segundo piso. Llamé al ascensor.

Salí del portal, estaba lloviendo a cántaros, pero no me importaba. Empecé a correr por la calle Ramón Lluil dejando a mi espalda el Opencor y el Carrer de Serpis, donde se alquilaba la película de los sábados.
Al final me detuve en un parque de la Gran Vía ante la librería París Valencia. Tenía frío, mi mundo se derrumbaba. Dejé en el suelo, cerca del banco donde estaba sentada, mi maleta y mi bolsa de mano.  Escondí mi rostro entre mis manos y dejé que todas las lágrimas que había reprimido salieran de su pequeña jaula. Estuve a sí horas y horas, la gente me miraba, pero no tenían valor para acercarse a mí e ignoraban la situación. Ya eran las dos de la madrugada, la lluvia no había cesado, tenía frío, sueño y hambre. Un joven de la Universidad se acercó y me dijo que confiara en él. Le creí y le acompañe en su apartamento.


—Siéntate en el sofá, ahora vuelvo— tímidamente me senté en el sofá y observé el lugar. "No le falta dinero" pensé.
 Él volvió con una camiseta vieja y un pantalón de chándal. Me indicó donde estaba el baño para que pudiera cambiar de ropa. La camiseta me venía muy ceñida, pero al menos tenía ropa limpia y seca.

Al regresar al salón vi mi maleta abierta y toda mi ropa tendida, le entregué al joven la ropa mojada y me senté de nuevo en ese cómodo sofá.

El joven sacó entonces del microondas una taza de manzanilla, se acercó y me la tendió.

—Gracias— Dije casi sin voz.

—Me llamo Eduardo— dijo presentándose.

 —Sonia.

Cuando me acabé la manzanilla Eduardo me enseñó un dormitorio.

—Mi Hermana Sally está estudiando en Londres, así que puedes utilizar su cuarto esta noche. ¿Cuántos años tienes?

— Quince

— ¿Y qué hacías sola a las dos de la mañana en ese banco con las maletas?

— Tengo sueño y mañana tengo que madrugar para ir a la escuela. Gracias por haberme acogido esta noche Eduardo.



Eduardo no sabía a qué hora debería de despertarme. Al final optó por dejarme descansar y reponerme durante todo el día.

A la hora de comer le pregunté— ¿no vives con tus padres? — Él dejó reposar los cubiertos y respondió— Mis padres murieron hace unos años, vivimos en esta casa mi hermana Sally, de tu edad y yo.

—Siento lo de tus padres— dije en tono neutro, él no dijo nada más.

Al cabo de un rato le pregunté— ¿Cuántos años tienes?

Unas súbitas carcajadas salieron de sus labios.

— Veinticinco—

—Pareces más joven— Comenté.

No hubo nada más que comentar así que se abrió la puerta del silencio. Eduardo se levantó de la silla y fue a la cocina a por el postre que él mismo había preparado. Debo admitir que cocinaba bien para ser un hombre.

— Sonia, ¿puedo preguntar algo?
No le respondí

— ¿Qué hacías anoche con todo el equipaje sentada en medio de aquella tormenta?

No podía responder.

— ¿Te abandonaron tus padres?

Le debía una respuesta pero aún no tenía la suficiente confianza como para responder a estas preguntas.

— Sonia, tengo que llevarte a casa, tus padres deben estar muy preocupados.

Me puse pálida, mi puso se aceleró y el miedo se apoderó de mi

— Por favor, te lo suplico, no puedo volver, si vuelvo. Yo... — Las lágrimas me invadieron, estuve a punto de sublevar el secreto que tanto me oprimía, me callé la boca, si no revelaría toda la verdad.

—Necesito una razón para dejarte vivir aquí, si no me das una buena razón tendré que llevarte a tu casa— comprendía que esta situación aparte de que tenía que ser complicada e incómoda para él, también era ilegal ya que no era mi tutor legal, así que comprendí que necesitara una buena razón. Si le conté la verdad sólo fue porque en mi interior supe que podía confiar en él.
—Mi historia es difícil de tragar, ¿seguro que la quieres oír?, Es bastante desagradable.

— Sonia, la escucharé sólo si tú la quieres contar.

—No recuerdo cuando comenzó esta pesadilla ni cuántos años tenía. Recuerdo que la primera vez que mi padre me forzó sexualmente era de noche y llovía a cántaros. Mi madre y mis abuelos se habían ido de viaje a Cuenca. Empezó a decirme que me quería, que quería lo mejor para mí y que me iba a ayudar. Empezó a manosearme, yo me debatía entre sus brazos, cuando se canso de mi juego me llamó puta, me dio una bofetada y me tiró a su cama. Introdujo en mi boca una de las compresas de mi madre para tapármela. Luego me arrancó la blusa y comenzó a manosear mi pequeño pecho. Nunca en mi vida había estado tan asustada, y lo peor de todo es que no sabía cómo reaccionar porque quien me estaba violando era mi padre. Después me bajó los pantalones y me arrebató mis braguis de Hello Kitty. Se bajó los pantalones e introdujo dentro de mí su sexo. Cuando se cansó me sacó la compresa de mi boca y me dijo que era una buena hija y que estaba muy orgulloso de mí. Llorando y con dolores en el bajo vientre me di un baño caliente y limpié mi sangre. La segunda vez fue mucho peor, él había bebido, estaba muy violento. Después de pasada media hora mi madre le pillo abusando de mi, hizo como que no había visto nada, se fue al minibar que tenían en su dormitorio, cogió la botella de Wisky y comenzó a emborracharse mientras veía aquello. Desde ese momento, la mayoría de las veces en que mi padre venía estresado utilizaba mi cuerpo para desahogarse. Todo esto lo saben y lo había visto toda mi familia, pero son tan cobardes y tan malas personas que hacen como si nada de esto pasara en lugar de ponerle solución—.
Después de desahogarme y soltar toda la verdad nada pudo detener mis lágrimas, Eduardo estaba en shock, después de haber escuchado toda mi historia, le supliqué que por favor, no me obligara a volver al infierno. Él me abrazó y me prometió que haría lo que fuera para alejarme de ese cerdo. Le di las gracias, cuando acabé de purgarme con mis llantos quedé tan cansada que me quedé dormida en sus brazos.

Desperté a la mañana siguiente, Eduardo tomó la decisión que me quedara a vivir temporalmente con él. Así que a partir de ese momento empecé una nueva vida.

Mi nueva rutina me encantaba. Cada día me levantaba a las seis de la mañana y me iba a hacer footing una hora, llegaba a casa, me duchaba, desayunaba y cogía el autobús escolar. Los jueves Eduardo y yo nos íbamos a cenar en nuestro restaurante favorito y los viernes nos íbamos a merendar a la Nueva Panadería. Los martes tenía clases particulares de matemáticas y los otros días los ocupaba estudiando danza e idiomas como Francés, Chino, Inglés e Italiano. Ya no tenía que preocuparme por el problema de mi madre con el alcohol, ni de los malostratos y abusos sexuales de mi padre hacia mí. Así que en conclusión, podría decir que mi nueva vida era perfecta. La única preocupación que tenía era la de estudiar y pasármelo bien, que es de lo único que debería preocupar una chica de quince años.

Llevaba un mes desaparecida y mis padres no habían denunciado mi desaparición, así que legalmente ellos no se habían responsabilizado de mí y si se les pasara la idea de recuperarme perderían mi custodia e incluso podrían llegar a ser detenidos.

El día uno de Enero volvía de  Reino Unido Sally, la hermana pequeña de Eduardo. Nos presentamos y nos fuimos a cenar los tres juntos a una pizzería de La Pobla de Farnals, la pizzería Toni. Yo cené unos ravioles de setas, Eduardo unos espaguetis vegetarianos y Sally unos espaguetis a la salmonara. Durante la velada Eduardo apenas hablaba, o mejor dicho, nosotras pasamos olímpicamente de él. Sally y yo estuvimos hablando de nuestros gustos literarios, de películas y música, aunque el tema que más destacó fue el del libro "El Regreso", el último libro de la autora L.J.Smith, en el que Damon admite que sí le importa su hermano pequeño y que daría su vida por él. El libro aún no había salido en España, pero se dio la casualidad que nosotras nos lo descargamos de Internet. Después de la velada nos fuimos a tomar algo en el Puerto de Valencia y finalmente dormimos en el yate de Eduardo.

Con el tiempo me di cuenta que sentía algo por Eduardo, me había enamorado de él. No supe que él me correspondía hasta un sábado estrellado que iluminaba la luna llena, en la que Sally se había ido al cine con unas compañeras suyas de clase. Él alquiló una película que se basó en un libro que me leí hacía ya  tres años. La película se llamaba "La Mancha Humana". El tema principal es el romance entre un jubilado y una joven de treinta años. En un momento de tensión Eduardo y yo nos miramos fijamente y no besamos.

Si estoy escribiendo esta historia es porque necesito que alguien sepa la verdad de lo ocurrido en este trágico relato.

Ante Sally o de cualquier otra persona, Eduardo y yo actuábamos como si nuestra relación fuera la de dos hermanos. En el momento en que estábamos los dos juntos y a solas nos quitábamos nuestras máscaras y dejábamos escapar la pasión. Hasta un año más tarde de comenzar nuestra relación como amantes no llegamos a dormir juntos. Fue una sorpresa. Ese sábado Sally se había ido de campamento con su escuela. Cuando crucé la entrada de casa descubrí un camino de rosas y velas rojas, que simbolizaban  la pasión, me condujeron al dormitorio de Eduardo, las velas también rodearon su cama. Me acerqué a él lentamente disfrutando del momento, él, si no contábamos a mi padre, iba a ser el primer chico con el que había  tenido relaciones sexuales. Sonaba de fondo un cantante de Jazz del cual no recuerdo su nombre. Aquella noche fue mágica, fue una noche de lujuria. Estos datos serán los únicos que vaya a  dar a conocer acerca de mi primera noche con Eduardo.

Pero como todas estas historias la cosa no suele terminar bien y en el nudo suelen aparecer varios conflictos que son los responsables del trágico final. Un viernes por la noche, en la que Eduardo y yo estábamos practicando sexo, apareció inesperadamente Sally. No se lo tomó nada bien y desde ese momento me odió y me pidió de una forma muy descortés que me marchara de su casa y que volviera con mi verdadera familia. Eduardo intentó calmar la situación, pero ella no lo escuchó, le lanzó la revista "La Bravo" que acababa de comprar y entre gritos y llantos se cerró en  su dormitorio. Durante todo un mes no nos dirigió a ninguno de los dos la palabra.

Mi padre, que tenía un amigo que era detective, al parecer estuvo tratando de descubrir cual era mi paradero y al final lo consiguió, como bien habréis imaginado.
Sally decidió pasar una temporada con sus tíos en Granada. El sábado en la que ella había marchado a Granada llegó mi padre. Empezó a llamar a la puerta a base de portazos y gritos pidiendo que yo saliera, Eduardo me obligó a esconderme mientras se encaraba a la bestia que se hacía llamar "padre", pero nada más abrir la puerta, mi padre apretó el gatillo y delate de mis narices vi como Eduardo caía al suelo. Horrorizada me tape la boca con la mano derecha, temblaba de miedo y de ira. Conteniendo el llanto y la angustia me arrastré por tierra aprovechando que mi padre estaba registrando el dormitorio que  perteneció a Eduardo. Yo alcancé el inalámbrico y marqué el 092 y el
112. Mi padre fue detenido, Eduardo murió en la ambulancia de camino al hospital y yo pasé a disposición  de asuntos sociales.

Actualmente tengo el hijo que concebí por parte de Eduardo y trabajo como Trabajadora Social ayudando a las familias que lo necesitan.

1 comentario:

  1. Impactante!... pero con mucho contenido.
    Magnífica historia, me trae algunos recuerdos, positivos sobre todo.

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