viernes, 10 de febrero de 2012

Ruptura


No le dije a mi madre que los medicamentos no me estaban surtiendo efecto. Si queréis que os diga la verdad, no se por qué cometí esa estupidez, pero sí que estaba segura de que quería continuar con mi vida y no arrebatármela. También estaba segura de que quería aclarar las cosas con Jason.

Un frío y tormentoso jueves de finales de octubre me sentí desfallecer, mis síntomas habían ido empeorando, sentía como si la enfermedad estuviera ganando la batalla, tuve el presentimiento de que ese podía ser el fin de mi existencia.
Por la tarde al acabar las clases Jason y yo dimos un paseo. Él se mostraba horriblemente frío, su mirada no mostraba ni una pizca de amor. Tenía que saber la verdad antes de dejarlo todo, me enfrenté a él. Lo miré a aquellos ojos verdes que me volvían loca.
No reconocí mi voz cuando le pregunté— Jason, ¿qué nos está pasando? Ya no te reconozco, tu mirada ya no  muestra calidez, ni si quiera me tocas—.
Él desvió la mirada al suelo. Cerré los ojos y encerré bajo llave las ganas  de llorar.  Sabía lo que venía a continuación. Pero me equivoqué, fue mucho peor de lo que me esperaba. La arpía había manipulado a Jason, haciéndolo creer que yo le estaba siendo infiel y que me dedicaba a sabotearla. Después se dedicó a seducirlo y a llevarlo a su terreno. Lo que más me dolió fue que confiara más en ella que en mí por el mero hecho de que haber sido su primer amor y de conocerla, prácticamente, de toda la vida.  
Realmente eso me hundió y por un momento dejé de luchar. En esos segundos en los que me rendí, los malestares tomaron el bando, pensé que no saldría de esta. 



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